Controlar el gasto con tu tarjeta de crédito: qué hacer y qué no hacer

17/04/2018

Controlar el gasto con tu tarjeta de crédito: qué hacer y qué no hacer

Las tarjetas de crédito se han convertido en un producto financiero imprescindible para la mayoría de los españoles, no solo por quienes las utilizan como herramienta habitual de pago y financiación, sino como respaldo económico ante la necesidad de hacer frente a cualquier gasto eventual, sea en nuestro país o en el extranjero.

Sin embargo, el uso de este tipo de tarjetas no está exento de polémica, pues habitualmente se relaciona con situaciones de sobrendeudamiento, por parte de familias que las utilizan para aplazar el pago de ciertas compras, y con elevadas comisiones y gastos añadidos que no esperábamos.

Si quieres beneficiarte de las ventajas que proporcionan las tarjetas de crédito sin que tu planificación de gasto mensual se descontrole, sigue estos consejos:

- Cuantas menos, mejor. A diferencia de lo que puedan pensar muchos consumidores, todos los expertos coinciden en que disponer de pocas tarjetas de crédito es una forma muy efectiva de mejorar el control sobre el gasto y de reducir al máximo los costes por servicios de emisión, mantenimiento, duplicados, por sacar en cajeros que no mantienen acuerdos de vinculación con nuestra entidad o por intereses derivados de la financiación al exceder el límite de crédito acordado.

- Atento a la letra pequeña. Aunque el consumidor medio se ha vuelto por lo general más desconfiado en los últimos años y ha comenzado a hacer algo que antes no contemplaba: leer la letra pequeña de los contratos sobre productos y prestación de servicios bancarios, hay quien aún no presta atención a la misma, sin embargo, hacerlo es imprescindible para saber a qué atenernos en el uso de una tarjeta de crédito: penalizaciones si nos quedamos en número rojos, tipo de coberturas del seguro de la tarjeta, etc.

- Fija los límites. Ya sabes que las tarjetas de crédito ponen a nuestra a disposición una cantidad de dinero para asumir ciertos pagos que después, en cuestión de semanas, se cargarán a cuenta, bien una vez al mes, bien en forma de plazos, es decir, nos permiten retrasar el pago de nuestras compras sin sobrecostes. Acordar con tu entidad emisora tanto el límite de la cantidad a disponer como las condiciones de devolución es de vital importancia si no te quieres llevar amargas sorpresas.

- Prescinde de los pagos aplazados. Los pagos a plazos suelen acarrear elevados intereses, así que, intenta pagar la deuda de tu tarjeta a mes vencido y huye de las cantidades fraccionadas, esto implica que no podrás gastar más de lo que puedas devolver en cuestión de un mes.

- Compara. No todas las entidades emiten sus tarjetas de crédito con las mismas ventajas, costes u obligaciones, de hecho, las diferencias son notables. Así que compara entre diferentes ofertas antes de contratar tu próxima tarjeta de crédito, de hecho las hay gratuitas, que bonifican ciertas compras, o que no cobran intereses por sacar dinero en el extranjero. Averiguar el interés que nos cobrarán cada una de ellas por aplazamiento de cobro fraccionado también es importante, para ello, debemos tener en cuenta la TAE (Tasa Anual Equivalente) aplicada, pues puede alcanzar cerca del 30%.

Y si aún con todos estos consejos te ves incapaz de controlar el gasto con tu tarjeta de crédito, siempre puedes hacer lo que muchos españoles, emplear una de débito para realizar tus compras diarias y dejar la tarjeta de crédito para su uso ante imprevistos o para tus viajes al extranjero.

 

Tarjetas frente a dinero en metálico

Pagar cómodamente, financiar gastos, garantizar el apoyo económico cuando se viaja al extranjero, incrementar nuestra seguridad al no llevar dinero en metálico en el bolsillo… Las tarjetas de crédito y de débito se han convertido en una herramienta imprescindible para prácticamente todos los españoles, de hecho, el dinero de plástico está desbancando casi por completo al efectivo en nuestro país, donde circulan más de 78 millones de tarjetas según datos del Banco de España, de las cuales, casi 52 millones son de crédito y cerca de 27 millones, de débito.

El último informe de la consultora Tecnocom y Analistas Financieros Internacionales (Afi) sobre Tendencias en Medios de Pago publicado en 2017 señalaba, sin embargo, que tan solo un 7 % de los españoles paga exclusivamente con tarjeta y uno de cada cuatro lo hace únicamente en metálico, es decir, la mayoría de nosotros utilizamos diferentes medios de forma simultanea, aunque la tendencia evoluciona vertiginosamente hacia el pago solamente con tarjeta y a través de dispositivos móviles, tendencia ligada, en gran medida, al incremento del comercio electrónico y las compras online.

Pero ¿cuáles son las pegas señaladas por quienes aún no han dado ese salto definitivo al plástico? ¿Qué desventajas han frenado hasta ahora el éxito absoluto de las tarjetas de crédito y débito frente al dinero contante y sonante?

La respuesta la encontramos en los pagos de gastos y comisiones añadidas a estos productos financieros.

Por ejemplo, la tarjetas de débito, aquellas mediante las cuales obtenemos el dinero directamente de nuestra cuenta corriente asociada (lo cual asegura que no podamos gastar más de lo que tenemos en dicho fondo) suelen ser gratuitas (sin comisiones de emisión o mantenimiento) siempre y cuando cumplamos con ciertos requisitos, como un número de pagos determinados al mes.

Con las de crédito (aquellas que ponen a nuestra disposición cierta cantidad de dinero por adelantado bajo el lema “cómpralo ahora y págalo después”) ocurre lo mismo y, además, su contratación está sujeta, normalmente, a nuestra vinculación con ciertos activos del banco o caja en cuestión, a un límite de ingresos o cantidad fija en cuenta, capacidad de ahorro y a elevados gastos e intereses si alcanzamos un excesivo nivel de endeudamiento o no tenemos dinero suficiente para liquidar la deuda en los meses posteriores (intereses de demora).

Sin embargo, estos inconvenientes no deben suponer un freno a nuestra confianza en este sencillo y cómodo método de pago, se trata tan solo de contratar la tarjeta adecuada, negociar con nuestra entidad los requisitos y condiciones sujetos a su uso y emplearla con responsabilidad.

 

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